LOS PAÑUELOS Y LAS SÁBANAS DE EVA
CAPÍTULO PRIMERO: EVAS
I
Con ese delineado y bello cuero
tenía a los hombres en su mano.
Pedía caprichos y se los regalaban;
la desdicha estaba a trasmano.
Era la consentida de la noche,
si batía las piernas había estruendo.
Con los trienios su cintura engordó
y ni los borrachines ratifican su talento.
II
Que los insignes candidatos a marido
se me formen por antigüedad en el antejardín.
Que ninguno se fugue o se arrepienta.
Encadenen a los pretendientes a la reja.
Admiradores, no se desesperen, lo pensaré bien.
A esta edad elegiré mi cónyuge con cuidado.
El no casarme joven y radiante fue una burrada.
Que los espectros me traigan rosas y zarcillos.
III
El hombre es un ser obvio,
la mujer un complejo enigma
detrás de un velo impenetrable.
El próximo paso de un hombre es descifrable,
el de la mujer no lo sabe ni ella misma.
El hombre relaciona el amor con el sexo,
y la mujer con el romanticismo y la afección.
Y si no hay propuestas interesantes
la alternativa es ser una liberal consumada.
IV
Esperando al marido ideal
pasó los treinta años de edad.
Trotando hacia los cuarenta y uno
ya no le importa estar mal acompañada.
Es vanguardista, con sus prioridades claras
y con el vestido de novia planchado en la cajuela.
Jura que no está apurada
y no deja de mirar por el balcón.
Ella ajusta los binoculares y los espejismos.
Siendo seria y exigente, creía
en los milagros de las películas de amor.
En estos momentos a los exiguos aspirantes a novio
les demanda que no derramen la sopa
y que no sean insolventes, si es factible.
Su actual fe es un histerismo avanzado.
V
Luchó como tigresa por los derechos femeninos.
Le regaló poco tiempo a sus hijos
porque la batalla misma la consumía.
A su marido lo despidió por retrógrado.
Se arruga en solitario en una cama de dos plazas.
Envejece sin un sentido de la orientación
y con disculpas sombrías que coleccionan gatos,
lágrimas por dentro y tétricas poses de victoria.
VI
Me arrimaré al balcón de tu silueta
y te besaré en mi canto.
La sonrisa de tus manos estiradas
amainó la helada que me sacudió tanto.
Eres lámpara que me advierte
cuando me acerco a la periferia peligrosa.
Construyes viaductos desde allá y desde acá.
Tu suavidad es el gurú de cada mariposa.
Simplemente mi corazón es de tu alodio,
por eso lo nutres como a cosa propia.
Nunca un sentimiento noble será exiliado;
de ti es inadmisible lucubrar sobre una copia.
VII
Era joven, pobre, atractiva y muy coqueta.
Se casó con un cuarentón adinerado y bebedor
que lo único que le exigía intransigentemente
era que fuera combativa en el catre, siempre.
Él le perdonaba casi todo lo demás.
Aburrida de tanto pedido e insensibilidades
abandonó a su marido por su entrañable amante
que también se asqueó cuando su trasero
ya no era ni movedizo ni bailable en la intimidad.
Ya no es joven, ni pobre ni atractiva ni coqueta
y ser festiva en los coitos le cuesta demasiado.
Este sería el motivo del aislamiento de su alma.
VIII
Ella le facilitó a su jefe una parte
de sí, la más sobresaliente.
El no suelta su juguete
ni sus convicciones profundas.
La cintura de ella da las órdenes,
cimienta y desbarata el dietario,
cambia y alarga las reuniones.
Cuando ellos se encierran por un dictado,
nadie golpea la puerta,
nadie pregunta por la sutil secretaria.
Todos silban en silencio.
IX
El gerente determinó con firmeza
que todos sean puntuales marcando la entrada.
Inés se presentaba después de la hora, alegre.
También prohibió desayunar en la oficina.
Inés bebía plácidamente su té de hojas
y fumaba en el balconcillo, distendida.
El jefe reiteró airado el uso
institucional y racional de los teléfonos.
Inés instaló un call center en su oficina,
ornamentada con motivos caribeños.
El ascenso de Inés se viene.
X
Ella se ríe más de la cuenta
y los hombres la miran sin ropa.
Es francota en sus rebotes a granel.
El cursado veedor intentará partir
por la lechuga, por la sopa.
Ella fornica más de la cuenta
y los hombres no la aprecian con ropa.
Si pone su rostro serio es una chanza.
Ella es la champagne de la fiesta,
de los manoseos, de la tropa.
XI
Oh bom bom de manjar chileno
¿quiénes procesan tus opiniones
dilatadas y adormecedoras?
Oh posaderas de zapallo intelectual,
cuando escuchas atento al otro,
¿quién está expectante por tu réplica?
Caramelo tronado, ¿cuánto vales?.
XII
Sentida y sentada horas
en una banca de la plaza
y su amado no se presentó.
Peinada y endomingada.
Su croquis es un batacazo tachado.
Su esposo la acurrucó en el closet
y su querido le erige otro peor.
En la banca retozona desacertada
sus orejas se cobijan entre sus rodillas
y su galán se tuesta en una piscina.
XIII
Separan a la esposa de la amante
como a los peces del mar.
En la esposa como la única amante
vive el arte de amar.
Los sensuales desestiman la fidelidad
y no comprenden la dicha de amar.
Esposa, amante y amiga:
bendita y santa trinidad,
aunque los sarcasmos del neófito y del agrio
no lo soporten más.
Los declaro marido y mujer,
el hombre es el jefe del hogar.
El hace como que manda
y ella hace como que obedece.
La sabiduría es singular.
XIV
Si apagaste cincuenta velas con asombro,
si las cremas faciales caras son deplorables,
si la flacidez ancló su escudo de armas,
si el espejo en la mañana es osama,
si cada día es una fotocopia del otro,
si el sobrepeso es una barricada pretoriana,
si el estómago es aguamiel para la fuerza de gravedad,
si eres una tigresa apolillada
y si tu marido te mira mas no te ve,
es porque eres toda una mujer.
XV
El joven estaba temblando,
la señorita se ponía colorada,
el beso antiguo sonrojaba.
A veces ella rehuía,
las almas se congelaban,
el beso antiguo sonrojaba.
Él de blanco la soñaba,
ella la vida se preparaba,
el beso antiguo emocionaba.
El se quedaba con sus labios secos,
ella con chispas en su mirada,
el beso antiguo emocionaba.
El cariño era compromiso
y el vals en la luna se bailaba,
el beso antiguo los casaba.
El flechazo era intransable
y ella en verso lo escuchaba.
El beso antiguo los casaba.
XVI
¿En mis frijoles con huevos fritos
se me pasó la mano con el ají,
o es otra la incomodad?
¿el bordado del nuevo cubrecama
no es compatible con tu barroquismo,
o es otra la incomodidad?
¿mi ombligo bien adentro
desperfila tu acento esteta,
o es otra la incomodidad?
¿simplemente ya no me abrazas
ni cuando duermo en posición fetal,
¿cuál es la innegable incomodidad?
XVII
Un día más así y me trastornaré.
Mi marido no se obsesiona por ser mi amante,
critica el marketing del día de los enamorados,
se emociona sólo con los goles de la selección
y el romanticismo se fue en la noche de bodas.
¿Lavaré también las manchas de mi siquis?
Mis caderas no pasan desapercibidas
y mi vecino me ve como el primer premio del sorteo.
XVIII
Si
yo viera
que me anhelas,
yo vería
una resquebradiza ilusión.
Yo vi
en ti caudales de flores brumosas, y
yo viendo,
no me di enterado de la negación.
Yo veré
un día ese rayo de afecto y no pararé hasta
yo ver…te
a un milímetro de mí.
XIX
Arruinas el remate de tu juventud
y desbaratas a una familia.
Que manera de quererte poco,
tu plúmbea sombra no te auxilia.
Tus motejados lentes no tapan tu indigencia,
almanaque de rabias y lamentaciones.
No te molesta recibir óbolos elegíacos,
eres una erudita en zamarrazos y depresiones.
Tan habituada en la banca de las reservistas
que ya crees en trolas y en espejismos.
En el horario y con el vigor de un sombrero,
ejerces la cerril disciplina del ilusionismo.
Una sonrisa desvalijada por la inercia villana;
tetas y piernas para los más disímiles terrenos.
El vestuario a veces es de emergencia,
la dignidad humana es lo de menos.
Jugando planificadamente a las escondidas,
pareces un agente secreto, de seguridad.
Te fugas como un delincuente amedrentado,
que sudorosa y estresante es tu especialidad.
Cada atardecer te irritas un poco más,
igual te palpas avisada y valiente.
Histérica y con la uñas afiladas;
es descomunal como te averías y te mientes.
Estúpida permanente de segundo plato,
a precio de propaganda debes fornicar;
el romántico, demagogo y bruñido caballero
sólo desea una cópula para fruir y soñar.
XX
Le pone una cara
de horno al rojo vivo
con gemidos triple x.
El fuma,
como un amante séneca
después de.
XXI
Era bella
y desechaba disímiles propuesta de boda.
Los admiradores le hacían rondas,
su fama local era alucinante.
Se iban los años y se iban los peticionarios.
Cuando recapacitó,
su estrella se habría apagado irremediablemente.
Con las sobras rearma el farragoso paseo
por su alfombra de horruras y lipemanía.
XXII
Sin cónyuge ni bebé,
¿de dónde me agarro?
Con más de treinta y uno
y con el organismo aporreado,
¿a qué acudo?
Y si se abre una vacante
¿Qué dictaminará mi pelvis
retozona e hiperactiva?
¿Quién deglutirá el cuento de la loba?
XXIII
Dentro de mí hay un rollo
que el gimnasio deja igual.
Va conmigo a todos los acaecimientos,
el reeditado cabeceo es un barrizal.
En la década pasada con mi cintura bailaba
charleston y go-go sobre un talón.
Desde arriba se divisa un cerro:
soy un macetero de greda en el salón.
El sobrepeso es una punición post edén
y no desatiendo al sedentarismo ni al pan.
El remordimiento postizo se engancha al flato;
un pastel de chocolate no me sentaría mal.
XXIV
El sexo clandestino es palpitante
justo hasta el campanazo final o eyaculación.
El clítoris es la montaña rusa
en este parque de diversiones y traqueteos
y los glúteos el perímetro solícito
de la penetración dicharachera y libidinosa.
Fieles al sacramento del encornudamiento,
con el viagra como alimento del espíritu
y un portaligas como hostia consagrada.
Una libreta de matrimonio ajena es su abanico
y la torta es de cumpleaños, su entelequia.
Cuando el último espermatozoide gozador
con una cruz de hierro en el pecho
concluye su loca y marcial carrera,
algunas damas tienen la mala ocurrencia
de ponerse cariñosas o mendigantes,
con un velo de novia en la siquis.
XXV
Cuando Dios creó a la mujer
lo pensó dos veces, quiso lucirse.
Mientras esculpía su derroche de genio
era intensamente aplaudido por Adán,
que jugando al solitario esperaba
la inauguración, el descarrilamiento.
XXVI
Todo el santo día de pie
con la estampa de una barbie
vende hasta más allá del calambre
maquillando la acumulación de sangre en las venas,
la parcialidad y la plebeyez.
El sobresueldo es un bulo
y el correr agraciadamente y sin despeinarse
una obligación ética, el móvil.
Una vez terminada la jornada perenne
la vendedora huye de su pajarera
con el acelerador a fondo conjeturando
que no paladeará otro día como este.
Arma la cara y la cintura cada mañana
marchando hacia la supeditación premeditada.
Sin una silla en donde acampar las asentaderas
batalla por sobrevivir en una jungla
en donde no participa del botín
y siempre gana menos que el mujeriego del lado.
El hambriento esposo no es masajista ni neurólogo
e intrusea debajo de las tapas de las ollas.
XXVII
Amor,
el bebé es tuyo y mío..;
bueno,
es más mío que tuyo..;
bueno,
será sólo mío.
XXVIII
En cada día de los enamorados que pasa
por sus alicaídos luceros ve a la luna de miel
desertar montada sobre una tortuga furtiva.
El vestido de novia la asedia
mas nunca la pellizca.
Romeo no aparece porque es de neón
y el de la obra literaria se mató.
En cada varón que la tantea ve una esperanza,
un espectro, un golpe de suerte, un kino.
El príncipe azul no es mendaz
y al suyo no lo divisa ni con un cabezazo.
Es que ojea con las pupilas
que descienden de la ansiedad.
Sin vocación de monja y hurgando donde no hay
se entrega a amoríos experimentales
con varones romancescos como el aguardiente.
XXIX
Era contemporánea e independiente,
con repulsa a las torta de boda
hasta que le ofrecieron matrimonio
con mariachis y un anillo
que no dejaba de brillar.
En la fiesta sobraron la comida y el brindis,
y ella se retorcía con un alicates,
con una sonrisa engomada en todo su ser.
XXX
La luna registra el inicio de sus labores.
Los consumidores no te permiten
poner el honor frente al foco
y los vicios y el hastío y la escalera crujiente
son el brebaje afrodisíaco, el impelente.
La prestación del servicio no requiere de acólitos
y la canción del compac disc es fútil.
La media luz atonta y la humareda es
el marco regulatorio de los coitos en hilera.
El trasero lo alquila por intervalos cronometrados
por el número de monedas de alta denominación
y los testículos vaciados son el punto álgido
de la fanfarria rapada, del entruejo derretido.
Todos adivinan el apelativo de tu subsiguiente andén.
Oficio con devaneos peligrosos y demoledores.
Te zampas desventuras con un tragavino
y no escarbas en la biografía del próximo can.
Los sentimientos se quedan en la manilla de la puerta
y tu discurrencia no rechaza totalmente la pudicia.
El crepúsculo es ambrosía y castigo,
el corazón y tus perniles se han robotizado
y el cariño sólo proviene de tu gato ingrato.
Magullada y achacosa por el baqueteo
y tu sonora carcajada automática entristece a Dios.
XXXI
Ella estudió lo mismo que él
y sería menos cerebral.
Obtuvo las mismas calificaciones,
mas ella no es la más idónea.
Su eficiencia laboral es igual a la de él.
Su ascenso es más parsimonioso
porque su escalinata al éxito es más larga
y a su techo lo lacró un enanismo crucial.
XXXII
No me imagino esta dimensión sin ti.
Es posible que un dramaturgo incontrastable
me convenza provisionalmente de lo contrario,
por un gris tris.
El cosmos sin ti es deudor.
XXXIII
Poseía una mandíbula que me impresionaba,
parlamentaria o repleta de embustería.
En su oratoria conyugal jura que me ama
y que le es imposible evitar las costaladas.
Mirar tanto hacia todos los costados
le da contracciones en los músculos del cuello
y mirarlo a los ojos es oír los tambores de la guerra.
XXXIV paráfrasis
Las diferencias entre un femenino concurso de belleza
y una exposición de ganado.
Las vacas no platican y tampoco quieren hacerlo;
las vacas desfilan despreocupándose de la cintura;
las vacas son llevadas a la fuerza a la exposición;
las vacas soslayan a los peluqueros y pedicuros;
las vacas con granos tampoco se maquillan;
las vacas son austeras en su vida diaria;
las vacas no se compran perfumes de oferta;
las vacas rechazan la frivolidad, por estatura moral;
las vacas se soflaman al posar desnudas;
las vacas se ofenden cuando las muestras en público;
las vacas siguen normales después de la exposición;
las vacas por ética, no aceptan obsequios de desconocidos;
las vacas concursantes no aprueban una invitación sugerente;
las vacas transan involuntariamente su cuerpo en el mercado;
las vacas no se desvelan por la moda;
las vacas no se ríen en la pasarela, obviamente;
las vacas ven en el colaless un denuesto;
las vacas no aspiran a ser símbolos sexuales;
las vacas cuidan su virginidad como corresponde;
las vacas bonitas no intentan creerse inteligentes;
las vacas ganadoras no se emocionan con el triunfo;
las vacas con ancas feas también pueden ganar algo;
las vacas no se perciben inferiores a las evas concursantes;
las vacas sin estética no se acomplejan y
las vacas con senos inmensos no son eliminadas.
XXXV
Con una nalga libertina
y la otra monástica,
oh Dulcinea,
no me pidas que enmiende.
Con una teta adentro
y la otra al aire libre,
oh Dulcinea,
no me insistas con eso del amor puro
y continuemos con el balanceo.
XXXVI
Embolsó halagos, flores y sexo aperturista,
mas no afecto duradero, de compromiso.
A duras penas aprisionó los retazos estrambóticos
de otras mesas pantagruélicas.
Ningún cuerdo la ve como una desposada.
Encanta, electriza y nadie se enamora.
Ningún antídoto funciona.
Se lo facilita porque él está deficitario
y el prejuicio no es una buena compañía,
un buen cortejador o serenateador.
XXXVII
Recibe sobajeos para cubrir cien acres de tierra,
la ternura le es una quimera oscura.
A su alma la masacra con una sierra,
su alborozo es una deficiente caricatura.
Si se abre una reja, ella la cierra,
pareciera que su mal no posee cura.
Detrás del aluvión de enredos se encierra,
la felicidad intentó elevarla a su altura.
En cada agujero que halla se entierra,
la introspección es un rubí que no depura.
Es correligionaria de ese fríser que aterra,
el madero ensangrentado llora para que seas pura.
XXXVIII
Conmigo presumo de ser una dama
y me comporto como una pindonga.
El precio es de combate
y no poseo un visado de sanidad;
y méritos no me faltarían.
Se presentan de a uno, con caballerosidad.
Yo le añado ladrillos a mi ensueño.
Entre la elación
y el desencanto prodigioso ininterrumpido
ya es una legión la que vibró en mi cama.
XXXIX
Cuando dejo de cotorrear por celular
mi alma es desalquilada.
Es mi amuleto, mi complemento,
la extensión de mi ser.
Menosprecio la esguince de la yema
de mi dedo fibroso y digitador.
Estoy disponible para comunicarme
con el lugar santísimo?
A mi teléfono lo atavío con cariño
y me siento una desprovista sin él,
una zombi.
Denme un número antes de que el bajón
me apunte con un “arriba las manos”.
XL
Mi marido me abandonó
por otra más joven, irreflexiva y movediza.
Hay que renovar el automóvil, dijo él.
El motor está soporífero y las llantas mermadas.
No me detuve en el punto de vista
del destartalado chofer que quiere
que lo hagan correr, sin precaver.
La intensiva capacitación en el uso de los detergentes,
el parir sin fregonas, la camisa de los niños,
el enjaulamiento detrás de una escoba
y la gastronomía de campaña deterioraron
mi carrocería, mis bujías y la leona que no fui.
¿Dí todo lo que tenía y más?
XLI
Mi marido me golpea con una autorización ancestral.
Macho inseguro y resentido, mas él es el macho,
recio y peludo, con arenales de temores.
Con o sin infracciones a su ordenamiento
él me disciplina severamente, sagradamente.
Su gancho de izquierda es machacante
y los moretones los cuento con un ábaco.
El flexible cuadrilátero lo dibujan sus nudillos
y todas las victorias por ahora son por nock out técnico.
Si levanto la voz, él impone su autoridad ahí mismo.
El macho de mi hogar es un creyente y un demócrata
y nadie le socava su poder,
nadie le picotea la corona.
Eso sí,
nunca me golpea con las dos manos a la vez,
y yo, soy una inanimada enamorada.
XLII
A.-
En la hora del almuerzo
ella ama al galope, en el motel.
El varón no llega tarde a su casa
y ella ya no lo ve: no es raro el burdel.
B.-
Ella se monta después del postre
que es el verdadero dulce para él.
Su cintura móvil está agendada;
el trasero se sube solo al coche, por él.
C.-
Ella es joven, la aman con o sin sol:
fornicaria dúctil, a tiempo completo.
Rinde bien en cualquier minuto o superficie.
Su disponibilidad vaginal evita cualquier entuerto.
D.-
Ella no es joven y la aman cada vez menos.
Fornicaria cesante por las anochecidas desocupadas.
Se desanima con la prisa de un rayo.
Entraría al ring con un terrateniente de la nada.
E.-
Si no paga no copula.
Brega por cubrir el placer.
Al amante lo motiva con prebendas;
no halla que otra humillación recorrer.
XLIII
Las mujeres no son perversas ni mucho menos
mas nos han cascado con chaparrones
de cubos de hielo o con lo que esté a la mano.
¿Las historia les pertenece?
Desvió a Adán y a millones más
y ahora somos una papa frita en el camposanto.
¿La historia les pertenece?
El rey David quedó deschavetado
y a Juan el Bautista lo partieron en dos.
Todo por una mala mujer.
Si el primer hombre, el rey y el profeta,
fueron manguereados por las veleidades femeninas,
¿qué le queda al peón de la pirámide?
Las mujeres descarrilan a los hombres ya descarriados
y a los que brincan en el borde del despeñadero.
XLIV
Llegué atrasada a la repartición
de rostros, no a la de traseros,
que lo uso de consuelo, de anzuelo,
y que todavía es aceptado como una incitación
entre el respetable público
y amilana mis lágrimas en el toilettes,
recién embaldosado con pañuelos encabritados.
Los machotes a mi pompis le arrojan pétalos
con una ronda y nadie se azotará con él
de aquí a las canas blancas.
El bla blá y el concúbito bien sobado
serán breves, como la dicha.
XLV
Besuquear a una horda,
no besuquear a nadie.
Traspasarles el ser,
no traspasárselo a nadie.
Ser monja, ser meretriz,
el castigo es análogo.
Ambas son conductas extremas,
ambas desviaciones se miran.
La monja pudrió su alma y su cuerpo,
la pelandusca también.
La primera es un calabozo duro con pies,
la segunda posee una puerta de salida.
XLVI
Primero hay que comprarse la casa, el automóvil,
el microondas, la cuna, los pañales y los enseres
y después casarse como Dios manda, me jura él.
Cuando le dinamito una excusa
el inventa otras tres improvisando como rapero.
Yo soy su odalisca, su conviviente y su doméstica,
no su amor adorado, su primor.
El no concibe pensionarse soltero, todavía:
ese es su único juramento de sangre.
XLVII
La luna alumbra la noche,
tu amor alumbra mi cara;
los astros acompañan a la luna,
tú acompañas a mi alma.
Las promesas de los primeros días
son los ósculos que te daba,
son las ternezas en las que te pregonaba:
alguna mañana veremos el alba.
Mi ardiente corazón palpitaba
con cada latido que el tuyo daba.
Mis pupilas quedaron narcotizadas,
con los rayos de tu honda mirada.
XLVIII
Si golpeo tu puerta
el rechazo me va a escabechar.
lo sano es no ir
y caminar lento,
al cadalso.
Si no golpeo tu puerta
la ansiedad me va escabechar.
lo sano es ir
y caminar lento,
al cadalso.
XLIX
Ella con sus senos bien grandes
vendía bebidas, pan y mantequilla.
Estábamos atentos por si se agachaba.
Nadie revisaba las monedas del cambio.
Cada uno le armaba poemarios, homenajes,
cancioneros románticos o lo que funcionara.
La labia de los tenorios se agudizaba
y ella el primer botón no se desabrochaba.
L
Dan rienda suelta a sus carcajadas
y nadie les ha hecho cosquillas.
Su ligera risa no requiere de humoristas,
son bien simpáticas estas chiquillas.
La mayoría fuma como chimenea reprimida,
por eso son hediondas de orilla a orilla.
Sin cuerda bailan y chacharean sin parar;
son calculistas en la ingesta de la pastilla.
Llevan con orgullo la insignia del colegio
y lo gritan, donde sea, a todo pulmón;
jamás harían lo mismo con su intimidad:
el destierro sería la obligada solución.
La minifalda ya parece amuleto de la suerte,
con el escote a veces cuidan la compostura.
Rumian goma de mascar minando la mandíbula,
los expresivos garabatos aplastan cualquier censura.
A ellas les encantan las fotografías de los afeminados famosos,
estudiar lo justo y ser populares en la villa.
Campeonas para los chismes y las telenovelas,
son multifacéticas estas desvencijadas jovencillas.
Cada pretendiente es una experiencia interesante,
la diversidad es tolerancia y bagaje cultural.
Les fascina intercambiar microbios cosmopolitas,
ser ahuecada y suelta es una máxima fundamental.
Camarada del cosmético, del lápiz labial, del peine
y del pelo alborotado a los cuatro vientos.
Casi ningún día feriado se levantan temprano.
No deberían complicarse con el pan, con el sustento.
LI
Antes de eyectar el trasero por la ventana
ya se percibía coqueta y libidinosa,
una yegua a desear, atrayente.
El contendiente le abrirá la mente con premura.
Igual se cree vanguardista y avispada,
nunca cándida.
Con el independentista apareamiento
se siente hueca y ya no tan moderna,
a veces una imbécil y casi nunca una puta,
sí un cascote.
LII
Por obesa:
no me aman, no me contratan;
no me codician, no me destacan;
soy soltera como apuesta fija;
me quedo debajo de la cama;
pernocto para no despertar;
soy un drama.
Obesa:
no es la placidez, no es la ternura,
no es la pasión, es la amargura.
LIII
No la toqué, no la rocé,
no la observé. No estuve ahí.
No fue necesario, no lo es.
Igual la veo, igual la toco.
La pienso, la imagino,
la fotografío: está siempre presente.
Es la que estoy esperando.
Ya llegará, ya llegó.
LIV
Como el mercado no la valora por ser fea
estuvo obligada a ceder, a regalarse,
entrando cabizbaja a la espuria pasadera
del deseo, de lo pajuno.
Prefiere:
alimentar a un cafiche semental o a un cariñoso
a quedarse sola;
un divorciado mostrenco con su prole
a quedarse sola;
un desnudismo express
a amar con viveza a las morbosas paredes.
Comprando afectos a un incalificable alto costo,
se apolillará en el aislamiento triturante.
Cuando la cuantía del culo baja
por el millaje recorrido o por la zanjas en el pellejo,
la fémina queda expuesta a los brazos de ese postor
que ni entra en las subastas.
La depreciación de las asentaderas
es un desastre humano y el envejecer insolvente otro.
Para que el tren no las deje abajo
algunas hembras explosionarán la línea férrea.
Ser sola y vivir sola es gravoso.
Ser sola y perecer así es eludible.
LV
Yo le pongo el pubis donde el quiere,
cuando lo anhela
y como a él le fascina.
El motel a veces lo cancelo yo,
le trato bien a su familia
y nunca paso por alto su cumpleaños.
Le he sido cocinera de falta corta,
pedicura, relax, albañil, barman bailable,
paramédica, electricista, vedette, costurera,
una cochera sin calzones y lustrabotas,
y él me mira como a la caca.
LVI
Yo escuchando boleros y tú a J.S.Bach,
el músico oficial del reino de los cielos.
¿Qué ves en las olas que te cantan
y que se arrastran por la arena
para saludarte, cual súbditas?
¿solicitaré tu amor por correo certificado
con mi nombre, firma, rol tributario y un orfeón?
¿cuándo revisarás la plusvalía de mi cariño?
La navegación a tu mano arisca es huraña y circular.
La lancha es mi chirona y el bravío mar tu lacónica negativa.
¿Quién me forzó a gatear a una suite de adobe?
Mis zapatos arrugados no persuaden
y mi cura curtida no es la de un comercial.
Si me acerco a tus rodillas temblaré,
me anuncia el Richter y su escala.
Tú, de clase media, lectora, amiga del ballet
y de los conciertos brandenburgueses.
Yo, un orangután, que desde mis remos
no logro ver un pez sin pensar en ti.
El cargo de princesa del océano está vacante,
¿lo analizarías, en nombre del linajudo mar
y de mi testarudo cortejo de timbre renacentista?
LVII
Me comporté como una perra,
como tu perra, sin regateos.
Te bailé borracha en el balcón,
copulamos adentro del refrigerador,
me vestí de popea e ilota,
por ti, por tu conmemoración, por tu día libre,
y tú a veces te olvidas de mi segundo nombre.
LVIII
Por favor, no vuelvas,
no vuelvas a existir.
Tu presencia lo revuelve todo,
es volver a comenzar, a morir.
Allá lejos, también vives en mí,
y yo no sé donde hay más intensidad.
Donde estés, palpitas en mí.
Irme o venir es lo mismo, es morir.
LVIX
Que no se retrasen tus besos
que mi reloj avanza alicaído.
Te inmovilizas bajo el dintel
con los brazos cruzados y sin mirar,
degustando la veneración de este lacayo.
Parado estoy en tu patio, al sol,
con la barba hasta los talones,
con girasoles que te ruegan de a uno,
con mi llama procurando derretir el iceberg.
Tu desprecio recio no me descorazonará.
LX
La playa relucirá por unos días más.
Nuestros cosquilleos rijosos en la orilla
erigen los castilletes endebluchos de siempre.
El mar que nos oliscaba apretándonos nos divide
y un sentimiento se fractura sobre la roca.
Las últimas olas pasarán con sus ojos llorosos
y la arena se constipará por mí.
Es el verano que nunca se me atornilla,
yéndose con su afamado y lastimero
beso del adiós, del desangrado.
Con las próximas golondrinas rebobinaré quimeras.
LXI
En la casa es una,
en la discoteca es otra, una antípoda.
En el hogar trata de ser esa una,
en el recreo aparece la médula de la otra,
la genuina.
La joven crece bien,
se corrompe con naturalidad.
Ingiere los embustes de todas las generaciones
sin observaciones significativas
y de vez en cuando se cree perspicaz.
Ella es una más del loteo.
LXII
El hielo de tus luceros
mide la extensa longitud
entre nuestro primer beso
y el de esta mañana.
La opacidad de los astros
clausuran lo que se desfiguró;
esa chispa que nos encendía
y que en un beso pérfido se ahogó.
Nadie actuó de mala fe, creo;
naufragamos en una taza de leche.
Estropeamos la varita mágica.
Que la compunción no nos aceche.
LXIII
Nos juntamos y no nos amamos,
besándonos sin tocarnos.
Los árboles y los meses pasan por la ventana
y bailamos milongas sin acercarnos,
dirigiéndonos a nuestras faenas.
Le sonríes al aire y me fluidifico
y tapé con tantas velas de misa a mi cupido,
que ya no se ve, ya no nos ve.
Me tomas de la mano y soy un majareta
y en nuestros esponsales desordeno tu pelo,
desvariando, afirmado en la manilla.
No hemos intercambiado un monosílabo
y supongo que es soltera.
Su nombre no lo sé
y en la estación de la U. de Chile se baja,
embotellándoseme el aliento, chafándome.
Mañana en la mañana y a la misma hora
ambos nos subiremos al metro
y no nos palparemos y no nos conoceremos,
y le recitaré con los labios sellados,
a dos metros de sus pestañas.
LXIV
Se quejó por el alumbramiento de su primer hijo,
y por cada nuevo cordón umbilical
se lamentaba, más y más.
Es una muchacha pelagatos y promesante,
con una fertilidad que sobrepobla la comarca.
Las carencias no mudan su enfoque
y nunca consideró las luces amarillas
de su famélica billetera, de su piojería.
El obispo fanfarronea porque ella copula
sin profilácticos y sin el coitus interruptus.
Todo dispositivo intrauterino es un diablo
que cercena: la evangelización,
el acrecentamiento de los sacramentados,
la mano de obra barata de los eunucos.
LXV
Como Dios vio al hombre botado,
desmañado y parado debajo de una rama
jugando fútbol contra una muralla,
le creó de sí un vaso frágil, una musa.
El varón la hizo mercancía, criada y meretriz.
Cristo dignificó a la mujer, el cristianismo no.
No le suministró ternezas, protección y el decálogo.
Se transformó en una autócrata déspota y sandio,
devastando la dicha y el potencial femenil.
LXVI
Cuando estoy con él
soy una complaciente fantasmagórica.
Si me escapo de su guarida
me implora que retorne a él,
para que yo siga existiendo,
plato que a él lo cautiva.
Soy un apéndice, su mascota.
Conmigo valiendo un residuo
él se deleita, sobrevuela.
LXVII
Cumplió treinta y cinco años de edad
y lo que estaba en el suelo se le derrumbó.
Entre paseos, reacuñaciones y holganzas,
se le escapó explícitamente su juventud.
De repente envejeció, se hundió, se envileció.
Brinda por nada frente al espejo y lloriquea.
Algunos hombres ni fornicar quieren con ella
y los automóviles de segunda mano
pasan de largo.
LXVIII
Por cada risa loca
siete lágrimas de carbón.
Por cada desplumado lírico sobre su ombligo
aprehendo una palmadita de agradecimiento
y por cada petición de boda de mi parte
una rechifla altísona invariable.
Soy la riente con las asentaderas licenciosas,
una imantación a raudales
y una charla sucinta, casi sin vocales.
Soy la caja grande y feliz,
la vaciadora brava y febricitante.
LXIX
Me casé por amor
y me desmayé de tanto gimoteo.
No estudié ni avancé por seguirlo al polo,
dándole dos retoños bellidos,
que chinchan ininterrumpidamente.
Todo por él, todo para él.
Al segundo pelo blanco mío abdicó
y ni con un comando paga la pensión alimenticia.
Carezco de dulzura, monís, paraninfos y curvas,
y mi esposo y galanteador no me compensará
los años que le transferí, cual sirvienta.
Yo no veo el sol
y él romancea con la calentura de un doncel.
Todo por él, todo para él.
LXX
Se enamoró de la prostituta,
de su dama, a través de una tarifa.
Ella no amará a su galán,
a su admirador, sin una tarifa.
Ella corrompió su existencia, su calzada.
Él se presenta como un quijotesco restaurador.
Ella cree que el pasado no es asesinable.
El tren de regreso se posó en la estación.
LXXI
Con mi dentadura a la intemperie
le sirvo tragos a los clientes coquetos.
Las colegas de rostro serio firman finiquitos.
El café de mi jefe es bailable.
El sándwich no se enfría y mi bandeja es flash.
Pagan por sentirse príncipes, califas,
y aquí no armonizaré los verbos del cariño.
Mi laburo es no remar contra la corriente
y a través de la champagne se trasluce
mi minifalda y la sustancia del ambiente.
LXXII
Macetero grande de aceite,
de gruesa cintura,
el problema se complica,
cuando no hay mucha altura.
Una dieta rica en carbohidratos,
no le falta ninguna vitamina,
devota de los alimentos nutritivos,
con las lechugas no se contamina.
Con un ombligo cada vez más adentro,
al cinturón le harás un nuevo agujero.
Te cuesta abrocharte la zapatilla en el aire,
el wáter es todo un despeñadero.
LXXIII
Fornicaba a todo dar con Graciela,
Pilar y con Isidora.
Las tres se apareaban por tandas con él,
con recato e ilusionadas,
enganchadas a un devenir venturoso.
El eyacula en cuarta y se desmarca.
Las tres husmean en la feria de la novia,
subrepticiamente y con un recatado apuro.
Cuando están vestidas el palabreo se les ilumina.
Ellas se desvisten en medio de la expectativa.
Ellas reprueban a los pretendientes fehacientes;
él, entre catres y sotabancos zigzaguea,
sin traspapelar su imagen casi pulcra.
LXXIV
Todos sus besos
se me quedaron pegados,
unos sobre y al lado del otros, como cordilleras.
Ninguno partió o desertó,
envejeció o se resfrió.
Cada ósculo instaló su pabellón
en las provincias de mi piel,
con sus imágenes omnipresentes.
Sin importar como los trate,
esos besos se vigorizan dentro de mí.
Son arrebatadores, una peste incurable.
Los dilapidé, no los custodié.
Despiertan conmigo con sus balizas
y nada los divorcia de mi mente
mordiéndome en cada inhalación,
castigándome por el tesoro que lancé al mar.
LXXV
El la golpea, la maltrata:
es su forma de llamar la atención.
Si no le grita cada mes se asusta,
presume que es un ser inferior.
Si la mujer alza su voz se enfada,
si ella gana más centavos se enfada,
si es más inteligente o educada se enfada,
si posee más iniciativa o talentos se enfada.
LXXVI
Cuando la esposa se comporta
como la amante, todo bien.
Cuando la amante se comporta
como si fuera la esposa, todo mal.
La amante que termina siendo esposa,
suele ser una mala amante y una mala esposa.
Armando con cariño una amante dentro de la esposa,
se gana una buena amante y una buena esposa.
LXXVII
Mi padre me insultaba,
mi madre me gritaba.
Yo fornicaba a escondidas
y me fumaba algunas cajetillas.
Mi padre igual me postulaba para santa,
mi madre cubría todo con una manta.
Yo me reía como boba con cualquier tontería,
el cerebro no lo usaba como guía.
Mi padre ve en mí una causa perdida,
mi madre ve brillar el sol todavía.
Ya no copulo ni bebo como prófuga;
a nadie le interesa si no aparezco un día.
LXXVIII
El cambio de secretaria se venía,
la menopausia es el ocaso.
Nuevas piernas servirán el café,
con nuevos besos y nuevos abrazos.
Los zarpazos sensuales de los gerentes
son una costumbre sacra en esta empresa.
Ellas tipean bailando con un monokini,
dura poco la que se hace la lesa.
La que es diligente pasa a segundo plano,
la vampiresa duerme al lado de la corona.
Cuando llega otra más encantadora y juerguista
la dan de baja y todo se desmorona.
LXXIX
El colaless me subía la autoestima,
era mi medalla al mérito,
mi título de nobleza,
mi ticket al glamour.
Por estos días es mi neurastenia,
mi enemigo en el campo de batalla,
mi destitución de la primera fila,
mi transbordo al barranco.
LXXX
La esposa le pide un beso,
él carne con papas fritas.
Ella le sugiere un paseo,
él se engomó al televisor.
Ella exige ser escuchada,
él demanda una cerveza fría.
Ella pone una canción romántica,
él se concentra en el comentario deportivo.
Cuando ella le recuerda todas las promesas,
él calcula callado los costos de un divorcio.
Si él sorpresivamente le regala flores,
ella se pone sospechosa e inquisitiva.
A ella le agrada un manoseo más extenso,
a él le divierten los atajos.
LXXXI
Camina inducida
entre el living y el comedor,
entre el baño y la gastronomía,
con el cloro y la escoba,
y no siempre alborozada.
Prepara el vestuario y la escenografía,
a los niños y al marido.
Nadie se desvive por ella,
la heroína anónima,
la dueña de casa
que dueña de la casa no es.
LXXXII
Su actitud provocativa es lo más grande
que posee: sería su atributo mortal, su rubí.
Tapada entera y seria es un reptil despeinado.
La globalizante teta nutre las portadas,
la pantalla y las rinconeras, descontextualizando.
Ella es la vasalla del entronado deseo
y una mujer con un libro en la mano es una fetidez.
Cuando los testículos carcajean rebosantes,
la damisela ha cumplido con su razón de ser.
Una subordinada de la lascivia, un juguete, un vicio.
Su depilado bello cuero la hace potable y digna.
La castidad es la bandera de la infamia.
¿Qué es una dama que cierra sus piernas
un quinquenio, intransablemente, a todo evento?
Los pezones se exponen por una demanda del mercado,
quien es el que señala que es lo inmostrable y que no.
Las posiciones que ocupan hoy las mujeres
no deberían depender del kamasutra o la boite.
La mujer coqueta y atractiva que vence el sobrepeso
y las arrugas, es subida a los altares.
LXXXIII
La conversación dura poco,
una o dos rondas de vocablos,
a veces algo más.
Los besos duran poco,
uno o dos minutos,
a veces algo más.
El coito dura poco,
uno o dos revolcones,
a veces algo más.
El amor dura poco,
cuatro o cinco coitos,
a veces algo más.
CAPÍTULO SEGUNDO: QUERIDAS.
LXXXIV
Si la amante empieza a cobrar
se corrompe todo,
se extravía el ideal,
el propósito.
Algunas veces pagan el motel,
son colaboradoras y comprensibles,
las legítimas.
LXXXV
Fue la amiga íntima del director
por más treinta años.
Ella va a expirar soltera, él,
se acurruca en dos casas,
o mejor dicho, en una y media.
Ella le entregó su corazón y su meneo
alimentándose de ridículas esperanzas.
El aprovechó todo lo que pudo
exprimiendo la naranja.
Ser la segunda señora es una zarzamora.
LXXXVI
Rebeca fue su pareja desde la juventud,
ambos eran pobres, dos más de la barriada.
La situación económica de Marcos mejoró considerablemente
y optó por una esposa de mayor estatus.
Aburrido de un cónyuge que no la amaba,
Rebeca se transformó en su pasatiempo semanal.
La prosperidad de Marcos se vino abajo
y le solicitaron el divorcio en tres tiempos.
Y aunque nunca se casó con ella,
Rebeca lo acompañó hasta el final,
soportando sus peripecias y la falta de voluntad.
LXXXVII
Era una barrendera en la oficina,
terminó depilándole la nariz al mandamás.
La entretención respetaba el horario laboral.
El aterrizaba en su domicilio sin ganas de bailar.
Su misión era relajarlo, cambiarle el humor.
Ella barría y lo repasaba con caricias
y ni siquiera logró un aumento en su vil salario.
Es que lo de ella era vocacional.
LXXXVIII
Era una querida muy conciente,
compartía los gastos del jolgorio.
Tenía miedo de que él terminara con ella,
era todo un galán fuera de su hogar.
A él lo solicitaban de varios lados,
así que muchos céntimos logró ahorrar.
Las damas hechizadas se ponían a la fila,
solteras o casadas le daba igual.
LXXXIX
Era oficialmente su amante,
todos lo sabían en su comunidad.
Era respetada como tal,
pobre de aquel que la insultara
o se quisiera sobrepasar.
La escondían en la camioneta o en el garage,
nunca abandonaba su rol tan singular.
Era discreta en todo momento y lugar,
un buen testimonio para todas las mancebas.
Ningún país se desvincula de esta función social.
XC
Ella se acostaba con su bigotudo vecino,
es que pensaba que no le alcanzaba para más.
Los varones de la villa tomaron conocimiento,
ahora todos la quieren rasguñar con suavidad.
De repente se vio apetecida por los machos,
con chocolates y flores la subieron al pedestal.
Vanamente intentaba disfrutar su primavera estéril.
El único anillo que veía era el de su mamá.
XCI
El exitoso empresario tenía muchas seguidoras
y Elisa pretendía ser su querida titular.
Se acicalaba y asistía al gimnasio siempre.
La competencia era fuerte e inmisericorde
y las candidatas eran múltiples y guapas.
Esta mujer no se amilanaría, por principio,
con las piedras y escollos del denso camino,
porque su meta era clara y lucharía con todo.
Analizó el kamasutra con el ímpetu de una profesional
y sólo esperaba con un poco de tensión y fe
la oportunidad de convertirse en su querida titular.
XCII
Adquirir una amante de calidad es caro,
mas no dudó en los beneficios de la inversión.
Trabajó como una mula por su capital,
el coito de una erudita lo elevará.
Le paga el arriendo y le compra de todo.
Si ella está contenta también lo está él.
Si la fantasía amatoria no lo arruina
financiará sin titubeos su edén local.
XCIII
La otra, resulto ser su mejor amiga.
Los tres salían juntos de vez en cuando
y a veces se quedaba sola con su esposo.
En una larga tarde se desató la lascivia impía
y los tres formaban un trío clásico.
La ingenua esposa perdió a su esposo y a su amiga,
la amiga perdió a su mejor amiga
y con los meses al marido de su amiga.
El caballero busca otras caderas movedizas
con unos binoculares que le obsequió la luna.
XCIV
Soy la carta secreta de mi colega,
es mi primera aventura extramatrimonial.
Él es un experimentado en este divertimento,
presiento que esto terminará mal.
La carcajada le aflora con naturalidad,
ya no me río ni en la cresta de la ola.
Estoy en un hoyo que los meses encementan:
la emoción se fue, el dinamismo también.
Después del caos, de mi debacle personal,
sus eyaculaciones besarán otros pezones.
La francachela sicalíptica es inmortal.
XCV
Mi amante me es infiel,
no lo voy a tolerar.
Dentro de mis posibilidades
le he dado lo más energético de mí.
La reconquistaré.
Aumentaré mi romanticismo,
cenaremos a la luz de las velas.
Le prometeré algunas barbaridades
porque su sensualidad es mágica.
La reencantaré.
XCVI
Ninguna es irreemplazable,
hay que mantener la humildad.
Si no cumple sus deberes con rigurosidad,
otra se sentará en su sustancial puesto.
La labor de estas féminas es estratégica,
disminuyen las tensiones y el estrés.
El show proseguirá con su normalidad y vigor.
Ellas son uno de los pilares de la sociedad.
XCVII
Se enamoró de un hombre casado,
quiere agradarle en todo,
bailando y armándole una fiesta.
Las novatas se entusiasman con la cuerda floja,
en caminar por los precipicios con un pie.
El no cambia a su esposa por nada,
su matrimonio fue un sacramento de la iglesia.
Por cada semestre que pasa
la joven se deprime un poco más y estallará.
Renovará a la bailarina, mas no el baile.
XCVIII
Intimé esa noche por pasión,
ahora no logro despegarme de ella.
Me postro a sus pies solo, sin presiones.
Me atrapó la red de su oficio,
el temblor tridimensional, sus hechizos.
Lo mío era una diablura y aquí estoy,
pidiéndole hora como si fuera una dentista.
XCIX
No tenía oficio ni profesión, mas sí
un redondo trasero, con el cual consiguió
un empleo de secretaria pluridisciplinaria.
Años mantuvo contento al jefe
haciéndole respiración boca a boca,
sin discriminar sitio ni horario,
hasta que se cansó
y contrató a una nueva secretaria,
más coqueta y lozana,
que tampoco era titulada.
C
La amante copula todo el año y se acicala
y no recibe la debida recompensa y reconocimiento
por su abnegado servicio social.
Es una institución denostada e indispensable,
a la cual no se le ha evaluado con equidad
los trillones de sudorosos movimientos
que ha realizado en su larga historia.
Lo justo es que la amante duradera
se convierta con los trienios en esposa.
Así nace al poco andar una nueva amante
y el ciclo vital de la calentura global
no se detiene, ni con cañones.
FIN
Este libro: “Los pañuelos y las sábanas de Eva”
http://lospanuelosylassabansdeeva.blogspot.com
De la antología “Las sotanas de Satán”
http://lassotanasdesatan.blogspot.com/
