Wednesday, December 02, 2015

LOS PAÑUELOS Y LAS SÁBANAS DE EVA - POEMARIO (PROSA)



CAPÍTULO PRIMERO: EVAS

1

Con ese delineado y bello cuero tenía a los hombres en su mano. Pedía caprichos y se los regalaban, la desdicha estaba a trasmano. Era la consentida de la noche, si batía las piernas había estruendo. Con los trienios su cintura engordó y ni los borrachines ratifican su talento.

2

Que los insignes candidatos a marido se me formen por antigüedad en el antejardín. Que ninguno se fugue o arrepienta. Encadenen a los pretendientes a la reja. Admiradores, no se desesperen, lo pensaré bien. A esta edad elegiré a mi cónyuge con cuidado. El no casarme joven y radiante fue una burrada. Que los espectros me traigan rosas y zarcillos.

3

El hombre es un ser obvio, la mujer un complejo enigma detrás de un velo impenetrable. El próximo paso de un hombre es descifrable, el de la mujer no lo sabe ni ella misma. El hombre relaciona el amor con el sexo, y la mujer con el romanticismo y la afección ¿Y si no hay propuestas interesantes la alternativa es ser una liberal consumada?

4

Esperando al marido ideal pasó los treinta años de edad. Trotando hacia los cuarenta y uno ya no le importa estar mal acompañada. Es vanguardista, con sus prioridades claras y con el vestido de novia planchado en la cajuela. Jura que no está apurada y no deja de mirar por el balcón. Ella ajusta los binoculares y los espejismos. Siendo seria y exigente, creía en los milagros de las películas de amor. En estos momentos a los exiguos aspirantes a novio les demanda que no derramen el caldo y que no sean insolventes, si es factible. Su actual fe es un histerismo avanzado.

5

Luchó como tigresa por los derechos femeninos. Les regaló poco tiempo a sus hijos porque la batalla misma la consumía. A su marido lo despidió por retrógrado. Se arruga en solitario en una cama de dos plazas. Envejece sin un sentido de la orientación y con disculpas sombrías que coleccionan gatos, lágrimas por dentro y tétricas poses de victoria.

6

Me arrimaré al balcón de tu silueta y te besaré en mi canto. La sonrisa de tus manos estiradas amainó la helada que me sacudió tanto. Eres lámpara que me advierte cuando me acerco a la periferia peligrosa. Construyes viaductos desde allá y desde acá. Tu suavidad es el gurú de cada mariposa. Simplemente mi corazón es de tu alodio, por eso lo nutres como a cosa propia. Nunca un sentimiento noble será exiliado, de ti es inadmisible lucubrar sobre una copia.

7

Era joven, pobre, atractiva y muy coqueta. Se casó con un cuarentón adinerado y bebedor que lo único que le exigía intransigentemente era que fuera combativa en el catre, siempre. Él le perdonaba casi todo lo demás. Aburrida de tanto pedido e insensibilidades abandonó a su marido por su entrañable amante que también se asqueó cuando su trasero ya no era ni movedizo ni bailable en la intimidad. Ya no es joven, ni pobre ni atractiva ni coqueta y ser festiva en los coitos le cuesta demasiado. Éste sería el motivo del aislamiento de su alma.

8

Ella le facilitó a su jefe una parte de sí, la más sobresaliente. El no suelta su juguete ni sus convicciones profundas. La cintura de ella da las órdenes, cimienta y desbarata el dietario, cambia y alarga las reuniones. Cuando ellos se encierran por un dictado, nadie golpea la puerta, nadie pregunta por la sutil secretaria. Todos silban en silencio.

9

El gerente determinó con firmeza que todos sean puntuales marcando la entrada. Inés se presentaba después de la hora, alegre. También prohibió desayunar en la oficina. Inés bebía plácidamente su té de hojas y fumaba en el balconcillo, distendida. El jefe reiteró airado el uso institucional y racional de los teléfonos. Inés instaló un call center en su oficina, ornamentada con motivos caribeños. El ascenso de Inés se viene cabalgando.

10

Ella se ríe más de la cuenta y los hombres la miran sin ropa. Es francota en sus rebotes a granel. El cursado veedor intentará partir por la lechuga, por la sopa. Ella fornica más de la cuenta y los hombres no la aprecian con ropa. Si pone su rostro serio es una chanza. Ella es la champagne de la fiesta, de los manoseos, de la tropa.

11

Oh bom bom de manjar chileno ¿quiénes procesan tus opiniones dilatadas y adormecedoras? Oh posaderas de zapallo intelectual, cuando escuchas atento al otro, ¿quién está expectante por tu réplica? Caramelo tronado, ¿cuánto vales?

12

Sentida y sentada horas en una banca de la plaza y su amado no se presentó. Peinada y endomingada. Su croquis es un batacazo tachado. Su esposo la acurrucó en el closet y su querido le erige otro peor. En la banca retozona desacertada sus orejas se cobijan entre sus rodillas y su galán se tuesta en una piscina.

13

Separan a la esposa de la amante como a los peces del mar. En la esposa como la única amante vive el arte de amar. Los sensuales desestiman la fidelidad y no comprenden la dicha de amar. Esposa, amante y amiga: bendita y santa trinidad, aunque los sarcasmos del neófito y del agrio no lo soporten más. Los declaro marido y mujer, el hombre es el jefe del hogar. El hace como que manda y ella hace como que obedece. La sabiduría es singular.

14

Si apagaste cincuenta velas con asombro, si las cremas faciales caras son deplorables, si la flacidez ancló su escudo de armas, si el espejo en la mañana es Osama, si  cada día es una fotocopia del otro, si el sobrepeso es una barricada pretoriana, si el estómago es aguamiel para la fuerza de gravedad, si eres una tigresa apolillada y si tu marido te mira mas no te ve, es porque eres una mujer desarrollada.

15

El joven estaba temblando,
la señorita se ponía colorada,
el beso antiguo sonrojaba.

A veces ella rehuía,
las almas se congelaban,
el beso antiguo sonrojaba.

Él de blanco la soñaba,
ella la vida se preparaba,
el beso antiguo emocionaba.

Él se quedaba con sus labios secos,
ella con chispas en su mirada,
el beso antiguo emocionaba.

El cariño era compromiso
y el vals en la luna se bailaba,
el beso antiguo los casaba.

El flechazo era intransable
y ella en verso lo escuchaba.
El beso antiguo los casaba.

16

En mis frijoles con huevos fritos se me pasó la mano con el ají, ¿o es otra la incomodad? El bordado del nuevo cubrecama no es compatible con tu barroquismo, ¿o es otra la incomodidad? Mi ombligo bien adentro desperfila tu acento esteta, ¿o es otra la incomodidad? Simplemente ya no me abrazas ni cuando duermo en posición fetal: ¿cuál es la innegable incomodidad?

17

Un día más así y me trastornaré. Mi marido no se obsesiona por ser mi amante, critica el marketing del día de los enamorados, se emociona sólo con los goles de la selección y el romanticismo se fue al año de la noche de bodas ¿Lavaré también las manchas de mi siquis? Mis caderas no pasan desapercibidas y mi vecino me ve como el primer premio del sorteo.

18

Si
yo viera
que me anhelas,
yo vería
una resquebradiza ilusión.
Yo vi
en ti caudales de flores brumosas, y
yo viendo,
no me di enterado de la negación.
Yo veré
un día ese rayo de afecto y no pararé hasta
yo ver…te
a un milímetro de mí.

19

Arruinas el remate de tu juventud y desbaratas a una familia. Que manera de quererte poco, tu plúmbea sombra no te auxilia.
Tus motejados lentes no tapan tu indigencia, almanaque de rabias y lamentaciones. No te molesta recibir óbolos elegíacos, eres una erudita en zamarrazos y depresiones.
Tan habituada en la banca de las reservistas que ya crees en trolas y en espejismos. En el horario y con el vigor de un sombrero, ejerces la cerril disciplina del ilusionismo.
Una sonrisa desvalijada por la inercia villana, tetas y piernas para los más disímiles terrenos. El vestuario a veces es de emergencia, la dignidad humana es lo de menos.
Jugando planificadamente a las escondidas, pareces un agente secreto, de seguridad. Te fugas como un delincuente amedrentado, que sudorosa y estresante es tu especialidad.
Cada atardecer te irritas un poco más, igual te palpas avisada y valiente.
Histérica y con la uñas afiladas, es descomunal como te averías y te mientes.
Estúpida permanente de segundo plato, a precio de propaganda debes fornicar. El romántico, demagogo y bruñido caballero sólo desea una cópula para fruir y soñar.

20

Le pone
una cara de horno al rojo vivo
con gemidos triple x.
Él fuma,
como un amante séneca
después de.

21

Era bella y desechaba disímiles propuestas de boda. Los admiradores le hacían rondas, su fama local era alucinante. Se iban los años y se corrían los peticionarios. Cuando recapacitó, su estrella se habría apagado irremediablemente. Con las sobras rearma el farragoso paseo por su alfombra de horruras y lipemanía.

22

Sin cónyuge ni bebé, ¿de dónde me agarro? Con más de treinta y dos y con el organismo aporreado, ¿a qué acudo? Y si se abre una vacante, ¿qué dictaminará mi pelvis retozona e hiperactiva? ¿Quién deglutirá el cuento de la loba?

23

Dentro de mí hay un rollo que el gimnasio deja igual. Va conmigo a todos los acaecimientos, el reeditado cabeceo es un barrizal.
En la década pasada con mi cintura bailaba charleston y go-go sobre un talón. Desde arriba se divisa un cerro: soy un macetero de greda en el salón.
El sobrepeso es una punición post edén y no desatiendo al sedentarismo ni al pan. El remordimiento postizo se engancha al flato, un pastel de chocolate no me sentaría mal.

24

El sexo clandestino es palpitante justo hasta el campanazo final o eyaculación. El clítoris es la montaña rusa en este parque de diversiones y traqueteos y los glúteos el perímetro solícito de la penetración dicharachera y libidinosa. Fieles al sacramento del encornudamiento, con el viagra como alimento del espíritu y un portaligas como hostia consagrada. Una libreta de matrimonio ajena es su abanico y la torta es de cumpleaños, su entelequia. Cuando el último espermatozoide gozador con una cruz de hierro en el pecho concluye su loca y marcial carrera, algunas damas tienen la mala ocurrencia de ponerse cariñosas o mendigantes, con un velo de novia en la siquis.

25

Cuando Dios creó a la mujer lo pensó dos veces, quiso lucirse. Mientras esculpía su derroche de genio era intensamente aplaudido por Adán, que jugando al solitario esperaba la inauguración, el descarrilamiento. Cuando Dios creó al hombre estaba concentrado, cuando creó a la mujer estaba inspirado.

26

Todo el santo día de pie con la estampa de una Barbie vende hasta más allá del calambre, maquillando la acumulación de sangre en las venas, la parcialidad y la plebeyez. El sobresueldo es un bulo y el correr agraciadamente y sin despeinarse una obligación ética, el móvil. Una vez terminada la jornada perenne la vendedora huye de su pajarera con el acelerador a fondo conjeturando que no paladeará otro día como éste. Arma la cara y la cintura cada mañana marchando hacia la supeditación premeditada. Sin una silla en donde acampar las asentaderas batalla por sobrevivir en una jungla en donde no participa del botín y siempre gana menos que el mujeriego del lado. El hambriento esposo no es masajista ni neurólogo e intrusea debajo de las tapas de las ollas.

27

Amor,
el bebé es tuyo y mío..;
bueno,
es más mío que tuyo..;
bueno,
será sólo mío.

28

En cada día de los enamorados que pasa por sus alicaídos luceros ve a la luna de miel desertar montada sobre una tortuga furtiva. El vestido de novia la asedia mas nunca la pellizca. Romeo no aparece porque es de neón y el de la obra literaria se mató. En cada varón que la tantea ve una esperanza, un espectro, un golpe de suerte, un kino. El príncipe azul no es mendaz y al suyo no lo divisa ni con un cabezazo. Es que ojea con las pupilas que descienden de la ansiedad. Sin vocación de monja y hurgando donde no hay se entrega a amoríos experimentales con caballeros romancescos como el aguardiente.

29

Era contemporánea e independiente, con repulsa a las tortas de boda hasta que le ofrecieron matrimonio con mariachis y un anillo que no dejaba de brillar. En la fiesta del matrimonio sobraron la comida y los brindis, y ella se retorcía con un alicates, con una sonrisa engomada en todo su ser.

30

La luna registra el inicio de sus labores. Los consumidores no te permiten poner el honor frente al foco y los vicios y el hastío y la escalera crujiente son el brebaje afrodisíaco, el impelente. La prestación del servicio no requiere de acólitos y la canción del disco compacto es fútil. La media luz atonta y la humareda es el marco regulatorio de los coitos en hilera. El trasero lo alquila por intervalos cronometrados por el número de monedas de alta denominación y los testículos vaciados son el punto álgido de la fanfarria rapada, del entruejo derretido. Todos adivinan el apelativo de tu subsiguiente andén. Oficio con devaneos peligrosos y demoledores. Te zampas desventuras con un tragavino y no escarbas en la biografía del próximo prepucio. Los sentimientos se quedan en la manilla de la puerta y tu discurrencia no rechaza totalmente la pudicia. El crepúsculo es ambrosía y castigo, el corazón y tus perniles se han motorizado y el cariño sólo proviene de tu felino ingrato. Magullada y achacosa por el baqueteo y tu sonora carcajada automática entristece a Dios.

31

Ella estudió lo mismo que él y sería menos cerebral. Obtuvo las mismas calificaciones, mas ella no es la más idónea. Su eficiencia laboral es igual a la de él. Su ascenso es más parsimonioso porque su escalinata al éxito es más larga y a su techo lo lacró un enanismo crucial.

32

No me imagino esta dimensión sin ti. Es posible que un dramaturgo incontrastable me convenza provisionalmente de lo contrario, por un gris tris. El cosmos sin ti es deudor.

33

Poseía una mandíbula que me impresionaba, parlamentaria o repleta de embustería. En su oratoria conyugal jura que me ama y que le es imposible evitar las costaladas. Mirar tanto hacia todos los costados le da contracciones en los músculos del cuello y mirarlo a los ojos es oír los tambores de la guerra.

34 paráfrasis

Las diferencias entre un femenino concurso de belleza
y una exposición de ganado.

Las vacas no platican y tampoco quieren hacerlo;
las vacas desfilan despreocupándose de la cintura;
las vacas son llevadas a la fuerza a la exposición;
las vacas soslayan a los peluqueros y pedicuros;
las vacas con granos tampoco se maquillan;
las vacas son austeras en su vida diaria;
las vacas no se compran perfumes de oferta;
las vacas rechazan la frivolidad, por estatura moral;
las vacas se soflaman al posar desnudas;
las vacas se ofenden cuando las muestran en público;
las vacas siguen normales después de la exposición;
las vacas por ética, no aceptan obsequios de desconocidos;
las vacas no aprueban una invitación sugerente;
las vacas transan involuntariamente su ser en el mercado;
las vacas no se desvelan por la moda;
las vacas no se ríen en la pasarela, indubitablemente;
las vacas ven en el colaless un denuesto;
las vacas no aspiran a ser símbolos sexuales;
las vacas cuidan su virginidad como corresponde;
las vacas bonitas no intentan creerse inteligentes;
las vacas ganadoras no se emocionan con el triunfo;
las vacas con ancas feas también pueden ganar algo;
las vacas no se perciben inferiores a las evas concursantes;
las vacas sin estética no se acomplejan y
las vacas con senos inmensos no son eliminadas.

35

Con una nalga libertina
y la otra monástica,
oh Dulcinea,
no me pidas que enmiende.
Con una teta adentro
y la otra al aire libre,
oh Dulcinea,
no me insistas con eso del amor puro
y continuemos con el balanceo.

36

Embolsó halagos, flores y sexo aperturista, mas no afecto duradero, de compromiso. A duras penas aprisionó los retazos estrambóticos de otras mesas pantagruélicas. Ningún cuerdo la ve como una desposada. Encanta, electriza y nadie se enamora. Ningún antídoto funciona. Se lo facilita porque él está deficitario y el prejuicio no es una buena compañía, un buen cortejador o serenateador.

37

Recibe sobajeos para cubrir cien acres de tierra,
la ternura le es una quimera oscura.
A su alma la masacra con una sierra,
su alborozo es una deficiente caricatura.
Si se abre una reja, ella la cierra,
pareciera que su mal no posee cura.
Detrás del aluvión de enredos se encierra,
la felicidad intentó elevarla a su altura.
En cada agujero que halla se entierra,
la introspección es un rubí que no depura.
Es correligionaria de ese freezer que aterra,
el madero ensangrentado llora para que seas pura.

38

Conmigo presumo de ser una dama y me comporto como una pindonga. El precio es de combate y no poseo un visado de sanidad, y méritos no me faltarían. Se presentan de a uno, con caballerosidad. Yo le añado ladrillos a mi ensueño. Entre la elación y el desencanto prodigioso ininterrumpido ya es una legión la que vibró en mi lecho.

39

Cuando dejo de cotorrear por el celular mi alma es desalquilada. Es mi amuleto, mi complemento, la extensión de mi ser. Menosprecio el esguince de la yema de mi dedo fibroso y digitador ¿Estoy disponible para comunicarme con el lugar santísimo? A mi teléfono lo atavío con cariño y me siento una desprovista sin él, una zombi. Denme un número antes de que el bajón me apunte con un “arriba las manos”.

40

Mi marido me abandonó por otra más joven, irreflexiva y movediza. Hay que renovar el automóvil, dijo él. El motor está soporífero y las llantas mermadas. No me detuve en el punto de vista del destartalado chofer que quiere que lo hagan correr, sin precaver. La intensiva capacitación en el uso de los detergentes, el parir sin fregonas, la camisa de los niños, el enjaulamiento detrás de una escoba y la gastronomía de campaña deterioraron mi carrocería, mis bujías y la leona que no fui ¿Dí todo lo que tenía y más? Tal vez sí.

41

Mi marido me golpea con una autorización ancestral. Macho inseguro y resentido, mas él es el macho, recio y peludo, con arenales de temores. Con o sin infracciones a su ordenamiento él me disciplina severamente, sagradamente. Su gancho de izquierda es machacante y los moretones los cuento con un ábaco. El flexible cuadrilátero lo dibujan sus nudillos y todas las victorias por ahora son por nock out técnico. Si levanto la voz, él impone su autoridad ahí mismo. El macho de mi hogar es un creyente y un demócrata y nadie le socava su poder, ninguno le picoteará la corona. Eso sí, nunca me golpea con las dos manos a la vez, y yo, soy una inanimada enamorada.

42

A.-

En la hora del almuerzo
ella ama al galope, en el motel.
El varón no llega tarde a su casa
y ella ya no lo ve: no es raro el burdel.

B.-

Ella se monta después del postre
que es el verdadero dulce para él.
Su cintura móvil está agendada,
el trasero se sube solo al coche, por él.

C.-

Ella es joven, la aman con o sin sol:
fornicaria dúctil, a tiempo completo.
Rinde bien en cualquier minuto o superficie.
La disponibilidad de su cuero evita cualquier entuerto.

D.-

Ella no es joven y la aman cada vez menos.
Fornicaria cesante, por las anochecidas desocupadas.
Se desanima con la prisa de un rayo.
Entraría al cuadrilátero con un terrateniente de la nada.

E.-

Si no paga no copula.
Brega por cubrir el placer.
Al amante lo motiva con prebendas,
no halla que otra humillación recorrer.

43

Las mujeres no son perversas ni mucho menos mas nos han cascado con chaparrones de cubos de hielo o con lo que esté a la mano ¿La historia les pertenece? Desvió a Adán y a millones más y ahora somos una papa frita en el camposanto ¿La historia les pertenece? El rey David quedó deschavetado y a Juan el Bautista lo partieron en dos. Todo por una mala mujer. Si el primer hombre, el rey y el profeta, fueron manguereados por las veleidades femeninas, ¿qué le queda al peón de la pirámide? Las mujeres descarrilan a los hombres ya descarriados y a los que brincan en el borde del despeñadero.

44

Llegué atrasada a la repartición de rostros, no a la de traseros, que lo uso de consuelo, de anzuelo, y que todavía es aceptado como una incitación entre el respetable público y amilana mis lágrimas en el toilette, recién embaldosado con pañuelos encabritados. Los machotes a mi pompis le arrojan pétalos con una ronda y nadie se azotará con él de aquí a las canas blancas. El bla blá y el concúbito bien sobado serán breves, como la dicha.

45

Besuquear a una horda, no besuquear a nadie.
Traspasarles el ser, no transferírselo a nadie.
Ser monja, ser meretriz, el castigo es análogo.
Ambas son conductas extremas, ambas desviaciones se miran.
La monja pudrió su alma y su cuerpo, la pelandusca también.
La primera es un calabozo duro con pies,
la segunda posee una puerta de salida.

46

Primero hay que comprarse la casa, el automóvil, el microondas, la cuna, los pañales y los enseres y después casarse como Dios manda, me jura él. Cuando le dinamito una excusa el inventa otras tres improvisando como rapero. Yo soy su odalisca, su conviviente y su doméstica, no su amor adorado, su primor. El no concibe pensionarse soltero, todavía: ese es su único juramento de sangre.

47

La luna alumbra la noche, tu amor alumbra mi cara; los astros acompañan a la luna, tú acompañas a mi alma. Las promesas de los primeros días son los ósculos que te daba, son las ternezas en las que te pregonaba: alguna mañana veremos el alba. Mi ardiente corazón palpitaba con cada latido que el tuyo daba. Mis pupilas quedaron narcotizadas, con los rayos de tu honda mirada.

48

Si golpeo tu puerta
el rechazo me va a escabechar.
lo sano es no ir
y caminar lento,
al cadalso.

Si no golpeo tu puerta
la ansiedad me va a escabechar.
lo sano es ir
y caminar lento,
al cadalso.

49

Ella con sus senos bien grandes vendía bebidas, pan y mantequilla. Estábamos atentos por si se agachaba. Nadie revisaba las monedas del cambio. Cada uno le armaba poemarios, homenajes, cancioneros románticos o lo que funcionara. La labia de los tenorios se agudizaba y ella el primer botón no se lo desabrochaba jamás.

50

Dan rienda suelta a sus carcajadas
y nadie les ha hecho cosquillas.
Su ligera risa no requiere de humoristas,
son bien simpáticas estas chiquillas.

La mayoría fuma como chimenea reprimida,
por eso son hediondas de orilla a orilla.
Sin cuerda bailan y chacharean sin parar,
son calculistas en la ingesta de la pastilla.

Llevan con orgullo la insignia del colegio
y lo gritan, donde sea, a todo pulmón;
jamás harían lo mismo con su intimidad:
el destierro sería la obligada solución.

La minifalda ya parece amuleto de la suerte,
con el escote a veces cuidan la compostura.
Rumian goma de mascar minando la mandíbula,
los expresivos garabatos aplastan cualquier censura.

A ellas las embrujan las fotos de los afeminados famosos,
estudiar lo justo y ser populares en la villa.
Campeonas para los chismes y las telenovelas,
son multifacéticas estas desvencijadas jovencillas.

Cada pretendiente es una experiencia interesante,
la diversidad es tolerancia y bagaje cultural.
Les fascina intercambiar microbios cosmopolitas,
ser ahuecada y suelta es una máxima fundamental.

Camarada del cosmético, del lápiz labial, del peine
y del pelo alborotado a los cuatro vientos.
Casi ningún día feriado se levantan temprano.
No deberían complicarse con el pan, con el sustento.

51

Antes de eyectar el trasero por la ventana ya se percibía coqueta y libidinosa, una yegua a desear, atrayente. El contendiente le abrirá la mente con premura. Igual se cree vanguardista y avispada, nunca cándida. Con el independentista apareamiento se siente hueca y ya no tan moderna, a veces una imbécil y casi nunca una puta, sí un cascote.

52

Por obesa: no me aman, no me contratan; no me codician, no me destacan; soy soltera como apuesta fija; me quedo debajo de la cama; soy una feminista enardecida; pernocto para no despertar; soy un drama.
Obesa: no es la placidez, no es la ternura, no es la pasión, es la amargura.

53

No la toqué, no la rocé,
no la observé. No estuve ahí.

No fue necesario, no lo es.
Igual la veo, igual la toco.

La pienso, la imagino,
la fotografío: está siempre presente.

Es la que estoy esperando.
Ya llegará, ya llegó.

54

Como el mercado no la valora por ser fea estuvo obligada a ceder, a regalarse, entrando cabizbaja a la espuria pasadera del deseo, de lo pajuno.
Prefiere: alimentar a un cafiche semental o a un cariñoso a quedarse sola; un divorciado mostrenco con su prole a quedarse sola; un desnudismo exprés a amar con viveza a las morbosas paredes. Comprando afectos a un incalificable alto costo, se apolillará en el aislamiento triturante. Cuando la cuantía del culo baja por el millaje recorrido o por la zanjas en el pellejo, la fémina queda expuesta a los brazos de ese postor que ni entra en las subastas. La depreciación de las asentaderas es un desastre humano y el envejecer insolvente otro. Para que el tren no las deje abajo algunas hembras explosionarán la línea férrea. Ser sola y vivir sola es gravoso. Ser sola y perecer así es eludible.

55

Yo le pongo el pubis donde él quiere, cuando lo anhela y como a él le fascina. El motel a veces lo cancelo yo, le trato bien a su familia y nunca paso por alto su cumpleaños. Le he sido cocinera de falda corta, pedicura, relax, albañil, barman bailable, paramédico, electricista, vedette, costurera, una cochera sin calzones y lustrabotas, y él me mira como si fuera caca.

56

Yo escuchando boleros y tú a J.S.Bach, el músico oficial del reino de los cielos ¿Qué ves en las olas que te cantan y que se arrastran por la arena para saludarte, cual súbditas? ¿solicitaré tu amor por correo certificado con mi nombre, firma, rol tributario y un orfeón? ¿cuándo revisarás la plusvalía de mi cariño? La navegación a tu mano arisca es huraña y circular. La lancha es mi chirona y el bravío mar tu lacónica negativa ¿Quién me forzó a gatear en una suite de adobe? Mis zapatos arrugados no persuaden y mi cara curtida no es la de un comercial. Si me acerco a tus rodillas temblaré, me anuncia el Richter y su escala. Tú, de clase media, lectora, amiga del ballet y de los conciertos brandenburgueses. Yo, un orangután, que desde mis remos no logro ver un pez sin pensar en ti. El cargo de princesa del océano está vacante, ¿lo analizarías, en nombre del linajudo mar y de mi testarudo cortejo de timbre renacentista improvisado?

57

Me comporté como una perra, como tu perra, sin regateos. Te bailé borracha en el balcón, copulamos adentro del refrigerador, me vestí de Popea e ilota, por ti, por tu conmemoración, por tu día libre, y tú a veces te olvidas de mi segundo nombre.

58

Por favor, no vuelvas,
no vuelvas a existir.
Tu presencia lo revuelve todo,
es volver a comenzar, a morir.

Allá lejos, también vives en mí,
y yo no sé donde hay más intensidad.
Donde estés, palpitas en mí.
Irme o venir es lo mismo, es morir.

59

Que no se retrasen tus besos que mi reloj avanza alicaído. Te inmovilizas bajo el dintel con los brazos cruzados y sin mirar, degustando la veneración de este lacayo. Parado estoy en tu patio, al sol, con la barba hasta los talones, con girasoles que te ruegan de a uno, con mi llama procurando derretir el iceberg. Tu desprecio recio no me descorazonará.

60

La playa relucirá por unos días más. Nuestros cosquilleos rijosos en la orilla
erigen los castilletes endebluchos de siempre. El mar que nos oliscaba apretándonos nos divide y un sentimiento se fractura sobre la roca. Las últimas olas pasarán con sus ojos llorosos y la arena se constipará por mí. Es el verano que nunca se me atornilla, yéndose con su afamado y lastimero beso del adiós, con ese desangrado que debilita la expectación. Con las próximas golondrinas rebobinaré quimeras.

61

En la casa es una, en la discoteca es otra, una antípoda. En el hogar trata de ser esa una, en el recreo aparece la médula de la otra, la genuina. La joven crece bien, se corrompe con naturalidad. Ingiere los embustes de todas, de su generación, sin observaciones significativas y de vez en cuando se cree perspicaz. Es una más del loteo.

62

El hielo de tus luceros mide la extensa longitud entre nuestro primer beso y el de esta mañana. La opacidad de los astros clausura lo que se desfiguró, esa chispa que nos encendía y que en un beso pérfido se ahogó. Nadie actuó de mala fe, creo, naufragamos en una taza de leche. Estropeamos la varita mágica. Que la compunción no nos aceche.

63

Nos juntamos y no nos amamos, besándonos sin tocarnos. Los árboles y los meses pasan por la ventana y bailamos milongas sin acercarnos, dirigiéndonos a nuestras faenas. Le sonríes al aire y me fluidifico y tapé con tantas velas de misa a mi cupido que ya no se ve, ya no nos ve. Me tomas de la mano y soy un majareta y en nuestros esponsales desordeno tu pelo, desvariando, afirmado en la manilla. No hemos intercambiado un monosílabo y supongo que es soltera. Su nombre no lo sé y en la estación de la Universidad de Chile se baja, embotellándoseme el aliento, chafándome. Mañana en la mañana y a la misma hora ambos nos subiremos al metro y no nos palparemos y no nos conoceremos, y le recitaré con los labios sellados, a dos metros de sus pestañas.

64

Se quejó por el alumbramiento de su primer hijo, y por cada nuevo cordón umbilical se lamentaba, más y más. Es una muchacha pelagatos y promesante, con una fertilidad que sobrepobla la comarca. Las carencias no mudan su enfoque y nunca consideró las luces amarillas de su famélica billetera, de su piojería. El obispo fanfarronea porque ella copula sin profilácticos y sin el coitus interruptus. Todo dispositivo intrauterino es un diablo que cercena: la evangelización, el acrecentamiento de los sacramentados, la mano de obra barata de los eunucos.

65

Como Dios vio al hombre botado, desmañado y parado debajo de una rama jugando fútbol contra una muralla, le creó de sí un vaso frágil, una musa. El varón la hizo mercancía, criada y meretriz. Cristo dignificó a la mujer, el cristianismo no. No le suministró ternezas, protección y el decálogo. Se transformó en una autócrata déspota y sandio, devastando la dicha y el potencial femenil.

66

Cuando estoy con él soy una complaciente fantasmagórica. Si me escapo de su guarida me implora que retorne a él, para que yo siga existiendo, plato que a él lo cautiva. Soy un apéndice, su mascota. Conmigo valiendo un residuo él se deleita, sobrevuela.

67

Cumplió treinta y cinco años de edad y lo que estaba en el suelo se le derrumbó. Entre paseos, reacuñaciones y holganzas, se le escapó explícitamente su juventud. De repente envejeció, se hundió, se envileció. Brinda por nada frente al espejo y lloriquea. Algunos hombres ni fornicar quieren con ella y los automóviles de segunda mano pasan de largo.

68

Por cada risa loca siete lágrimas de carbón. Por cada desplumado lírico sobre su ombligo aprehendo una palmadita de agradecimiento y por cada petición de boda de mi parte una rechifla altísona invariable. Soy la riente con las asentaderas licenciosas, una imantación a raudales y una charla sucinta, casi sin vocales. Soy la caja grande y feliz, la vaciadora brava y febricitante.

69

Me casé por amor y me desmayé de tanto gimoteo. No estudié ni avancé por seguirlo al polo, dándole dos retoños bellidos, que chinchan ininterrumpidamente. Todo por él, todo para él.
Al segundo pelo blanco mío abdicó y ni con un comando paga la pensión alimenticia. Carezco de dulzura, monís, paraninfos y curvas, y mi esposo y galanteador no me compensará los años que le traspasé, cual sirvienta. Yo no veo el sol y él romancea con la calentura de un doncel. Todo por él, todo para él.

70

Se enamoró de la prostituta, de su dama, a través de una tarifa. Ella no amará a su galán, a su admirador, sin que cancele su sonrisa. Ella corrompió su existencia, su calzada. Él se presenta como un quijotesco restaurador. Ella cree que el pasado no es asesinable. El tren de regreso se posó en la estación.

71

Con mi dentadura a la intemperie les sirvo tragos a los clientes coquetos. Las colegas de rostro serio firman finiquitos. El café de mi jefe es bailable. El sándwich no se enfría y mi bandeja es flash. Pagan por sentirse príncipes, califas, y aquí no armonizaré los verbos del cariño. Mi laburo es no remar contra la corriente y a través de la champagne se trasluce mi minifalda y la sustancia del ambiente.

72

Macetero grande de aceite, de gruesa cintura, el problema se complica, cuando no hay mucha altura. Una dieta rica en carbohidratos, no le falta ninguna vitamina, devota de los alimentos nutritivos, con las lechugas no se contamina. Con un ombligo cada vez más adentro, al cinturón le harás un nuevo agujero. Te cuesta abrocharte la zapatilla en el aire, el wáter es todo un despeñadero.

73

Fornicaba a todo dar con Graciela, Pilar e Isidora. Las tres se apareaban por tandas con él, con recato e ilusionadas, enganchadas a un devenir venturoso. Él eyacula en cuarta y se desmarca. Las tres husmean en la feria de la novia, subrepticiamente y con un recatado apuro. Cuando están vestidas el palabreo se le ilumina. Ellas se desvisten en medio de la expectativa. Ellas reprueban a los pretendientes fehacientes; él, entre catres y sotabancos zigzaguea, sin traspapelar su imagen casi pulcra.

74

Todos sus besos se me quedaron pegados, unos sobre y al lado del otro, como cordilleras. Ninguno partió o desertó, envejeció o se resfrió. Cada ósculo instaló su pabellón en las provincias de mi piel, con sus imágenes omnipresentes. Sin importar como los trate, esos besos se vigorizan dentro de mí. Son arrebatadores, una peste incurable. Los dilapidé, no los custodié. Despiertan conmigo con sus balizas y nada los divorcia de mi mente mordiéndome en cada inhalación, castigándome por el tesoro que lancé al mar.

75

El la golpea, la maltrata: es su forma de llamar la atención. Si no le grita cada mes se asusta, presume que es un ser inferior. Si la mujer alza su voz se enfada, si ella gana más centavos se enfada, si es más inteligente o educada se enfada, si posee más iniciativa o talentos se enfada.

76

Cuando la esposa se comporta como la amante, todo bien. Cuando la amante se comporta como si fuera la esposa, todo muy mal. La amante que termina siendo esposa, suele ser una mala amante y una mala esposa. Armando con cariño una amante dentro de la esposa, se gana a una buena amante y a una buena esposa.

77

Mi padre me insultaba, mi madre me gritaba. Yo fornicaba a escondidas
y me fumaba algunas cajetillas. Mi padre igual me postulaba para santa, mi madre cubría todo con una manta. Yo me reía como boba con cualquier tontería, el cerebro no lo usaba como guía. Mi padre ve en mí una causa perdida, mi madre ve brillar el sol todavía. Ya no copulo ni bebo como prófuga; a nadie le interesa si no aparezco un día.

78

El cambio de secretaria se venía, la menopausia es el ocaso. Nuevas piernas servirán el café, con nuevos roces y nuevos abrazos. Los zarpazos sensuales de los gerentes son una costumbre sacra en esta empresa. Ellas tipean bailando con un monokini de hilo, dura poco la que se hace la lesa. La que es diligente pasa a segundo plano, la vampiresa duerme al lado de la corona. Cuando llega otra más encantadora y juerguista la dan de baja y todo se desmorona, por una hora.

79

El colaless me subía la autoestima, era mi medalla al mérito, mi título de nobleza, mi ticket al glamour. Por estos días es mi neurastenia, mi enemigo en el campo de batalla, mi destitución de la primera fila, mi transbordo al barranco.

80

La esposa le pide un beso,
él carne con papas fritas.

Ella le sugiere un paseo,
él se engomó al televisor.

Ella exige ser escuchada,
él demanda una cerveza fría.

Ella pone una canción romántica,
él se concentra en el comentario deportivo.

Cuando ella le recuerda todas las promesas,
él calcula callado los costos de un divorcio.

Si él sorpresivamente le regala flores,
ella se pone sospechosa e inquisitiva.

A ella le agrada un manoseo más extenso,
a él le divierten los atajos.

81

Camina inducida entre el living y el comedor, entre el baño y la gastronomía, con el cloro y la escoba, y no siempre alborozada. Prepara el vestuario y la escenografía, a los niños y al marido. Nadie se desvive por ella, la heroína anónima, la dueña de casa que dueña de la casa no es.

82

Su actitud provocativa es lo más grande que posee: sería su atributo mortal, su rubí. Tapada entera y seria es un reptil despeinado. La globalizante teta nutre las portadas, la pantalla y las rinconeras, descontextualizando. Ella es la vasalla del entronado deseo y una mujer con un libro en la mano es una fetidez. Cuando los testículos carcajean rebosantes, la damisela ha cumplido con su razón de ser. Una subordinada de la lascivia, un juguete, un vicio. Su depilado bello cuero la hace potable y digna. La castidad es la bandera de la infamia ¿Qué es una dama que cierra sus piernas un quinquenio, intransablemente, a todo evento? Los pezones se exponen por una demanda del mercado, quien es el que señala que es lo inmostrable y que no. Las posiciones que ocupan hoy las mujeres no deberían depender del kamasutra o la boite. La mujer coqueta y atractiva que vence el sobrepeso y las arrugas, es subida a los altares, siempre que sea temblorosa.

83

La conversación dura poco,
una o dos rondas de vocablos,
a veces algo más.

Los besos duran poco,
uno o dos minutos,
a veces algo más.

El coito dura poco,
uno o dos revolcones,
a veces algo más.

El amor dura poco,
cuatro o cinco coitos,
a veces algo más.

CAPÍTULO SEGUNDO: LAS QUERIDAS.

84

Si la amante empieza a cobrar se corrompe todo, se extravía el ideal, el propósito. Algunas veces pagan el motel, son colaboradoras y comprensibles, las legítimas.

85

Fue la amiga íntima del director por más treinta años. Ella va a expirar soltera, él, se acurruca en dos casas, o mejor dicho, en una y media. Ella le entregó su corazón y su meneo alimentándose de ridículas esperanzas. Él aprovechó todo lo que pudo exprimiendo la naranja. Ser la segunda señora en sueños es una zarzamora.

86

Rebeca fue su pareja desde la juventud. Ambos eran pobres, dos más de la barriada. La situación económica de Marcos mejoró considerablemente y optó por una esposa delgada de mayor estatus. Aburrido de un cónyuge que no la amaba, Rebeca se transformó en su pasatiempo semanal. La prosperidad de Marcos se vino abajo y le solicitaron el divorcio en tres tiempos. Y aunque nunca se casó con ella, Rebeca lo acompañó hasta el final, soportando sus peripecias y la falta de voluntad.

87

Era una barrendera en la oficina, terminó depilándole la nariz al mandamás. La entretención respetaba el horario laboral. Él aterrizaba en su domicilio sin ganas de bailar. Su misión era relajarlo, cambiarle el humor. Ella barría y lo repasaba con caricias y ni siquiera logró un aumento en su vil salario. Es que lo de ella era vocacional.

88

Era una querida muy consciente, compartía los gastos del jolgorio. Tenía miedo de que él terminara con ella: era todo un galán fuera de su hogar. A él lo solicitaban de varios lados, así que muchos céntimos logró ahorrar. Las damas hechizadas se ponían a la fila, solteras o casadas le daba igual.

89

Era oficialmente su amante, todos lo sabían en su comunidad. Era respetada como tal, pobre de aquel que la insultara o se quisiera sobrepasar. La escondían en la camioneta o en el garage, nunca abandonaba su rol tan singular. Era discreta en todo momento y lugar, un buen testimonio para todas las mancebas. Ningún país se desvincula de esta valiosa función social.

90

Ella se acostaba con su bigotudo vecino, es que pensaba que no le alcanzaba para más. Los varones de la villa tomaron conocimiento, ahora todos la quieren rasguñarla con suavidad. De repente se vio apetecida por los machos, con chocolates y flores la subieron al pedestal. Vanamente intentaba disfrutar su primavera estéril. El único anillo que veía era el de su mamá.

91

El triunfante empresario tenía muchas seguidoras y Elisa pretendía ser su querida titular. Se acicalaba y asistía al gimnasio siempre. La competencia era fuerte e inmisericorde y las candidatas eran múltiples y guapas. Esta mujer no se amilanaría, por principio, con las piedras y escollos del denso camino, porque su meta era clara y lucharía con todo. Analizó el kamasutra con el ímpetu de una profesional y sólo esperaba con un poco de tensión y fe la oportunidad de convertirse en su querida titular.

92

Adquirir una amante de calidad es caro, mas no dudó en los beneficios de la inversión. Trabajó como una mula por su capital, el coito de una erudita lo elevará. Le paga el arriendo y le compra de todo. Si ella está contenta también lo está él. Si la fantasía amatoria no lo arruina financiará sin titubeos los caprichitos de su edén.

93

La otra, resulto ser su mejor amiga. Los tres salían juntos de vez en cuando y a veces se quedaba sola con su esposo. En una larga tarde se desató la lascivia impía y los tres formaban un trío clásico. La ingenua esposa perdió a su esposo y a su amiga, la amiga perdió a su mejor amiga y con los años al marido de su amiga. El caballero busca otras caderas movedizas con unos binoculares que le obsequió la CIA.

94

Soy la carta secreta de mi colega, es mi primera aventura extramatrimonial. Él es un experimentado en este divertimento, presiento que esto terminará mal. La carcajada le aflora con naturalidad, ya no me río ni en la cresta de la ola. Estoy en un hoyo que los meses encementan: la emoción se fue, el dinamismo también. Después del caos, de mi debacle personal, sus eyaculaciones mimarán otros pezones. La francachela sicalíptica es inmortal.

95

Mi amante me es infiel, no lo voy a tolerar. Dentro de mis posibilidades le he dado lo más energético de mí. La reconquistaré. Aumentaré mi romanticismo, cenaremos a la luz de las velas. Le prometeré algunas barbaridades porque su sensualidad es mágica. La reencantaré.

96

Ninguna es irreemplazable, hay que mantener la humildad. Si no cumple sus deberes con rigurosidad, otra se sentará en su sustancial puesto. La labor de estas féminas es estratégica, disminuyen las tensiones y el estrés. El show proseguirá con su normalidad y vigor. Ellas son uno de los pilares de la sociedad.

97

Se enamoró de un hombre casado, quiere agradarle en todo, zapateando y armándole una fiesta. Las novatas se entusiasman con la cuerda floja, en caminar por los precipicios con un pie. Él no cambia a su esposa por nada, su matrimonio es un sacramento de la iglesia. Por cada semestre que pasa la joven se deprime un poco más y estallará. Renovarán a la bailarina, mas no las cabriolas.

98

Intimé esa noche por pasión, ahora no logro despegarme de ella. Me postro a sus pies solo, sin presiones. Me atrapó la red de su oficio, el temblor tridimensional, sus hechizos. Lo mío era una diablura y aquí estoy, pidiéndole hora como si fuera una dentista de elite.

99

No tenía oficio ni profesión, mas sí un redondo trasero, con el cual consiguió un empleo de secretaria pluridisciplinaria. Años mantuvo contento al jefe haciéndole respiración boca a boca, sin discriminar sitio ni horario, hasta que se cansó y contrató a una nueva secretaria, más coqueta y lozana, que tampoco era titulada.

100

La amante copula todo el año y se acicala y no recibe la debida recompensa y reconocimiento por su abnegado servicio social. Es una institución denostada e indispensable, a la cual no se le ha evaluado con equidad los trillones de sudorosos movimientos que ha realizado en su larga historia. Lo justo es que la amante duradera se convierta con los trienios en esposa. Así nace al poco andar una nueva amante y el ciclo vital de la calentura global no se detiene, ni con cañones.



FIN

Este libro: “Los pañuelos y las sábanas de Eva”

ANTOLOGÍA DE POEMARIOS
http://antologiadepoemarios.blogspot.com


De la antología “Las sotanas de Satán”